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miércoles, 4 de agosto de 2010

Nota

Nunca me di cuenta cuanto podía llegar a extrañar escribir en mi cuaderno. Un día lo volví a agarrar, me di cuenta de que en el pequeño cuaderno amarillo que llevo a todas partes, habían puras cosas viejas. Busqué el otro, uno blanquito, también chico; cosas sin sentido. Cosas del pasado. Muy pocas cosas para dejar en limpio. En definitiva había escrito en ellos no para aprender precisamente, pero me quedo el sabor amargo de que algo faltaba. Algo me quedaba por escribir. Algo me había olvidado. Entonces me fijé en las fechas, a ver si hacia tanto tiempo que no escribía. Efectivamente hacia mucho tiempo; tanto, que me había cambiado la letra. Había dejado de pensar en ciertas cosas hoy olvidadas, y por sobre todas las cosas, me leía a mi mismo, como a un desconocido. O mejor dicho, como a alguien que te cuenta algo y sólo lo viste un par de veces.
Decidí volver a escribir. Un poco nada mas. Alguien me dijo por ahí que escribo solo del despertar, de algún día despertar y que todo cambie. Pero no es así. Las soluciones mágicas no existen. Los despertares románticos tampoco. Los cambios bruscos no se dan así porque sí. Uno es Capitán de su propio barco. Uno toma las decisiones, uno navega por los mares de lagrimas y océanos de amores frustrados. Y con poesía y todo, nos hundimos también.
¡Pero a no desesperar! Los barcos por lo general tienen formas de sobrevivir a una tormenta. Poseen grandes estructuras y velas que pueden ser maniobradas para abrazar los vientos. Mi barco hace poco zarpó y busca la tierra prometida. Tiene averías en el timón y eso es un retraso importante. Pero nuestros marineros son fuertes, valientes y de corazón noble. No nos dejaremos vences por unos tontos cumunus limbus. Tal vez hasta nos traigan peces a cubierta.
Mi cuaderno ya tenía un par de ideas. Un viaje, algunos dibujos, una gruya y algunas frases sin terminar a propósito. Ya no estaba tan preocupado por mi cuaderno, ni por mis recuerdos. Recordaba todo, recuerdo todo. Creo que voy a olvidar, o no lo decidiré, eso será mejor. Ya olvidé lo que debía olvidar. Todo aquello que no servía, que me hacía mal. Hoy ha sido un día muy largo.

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