[...]corrí, no sólo por lo de la habitación, no sólo para pasar un rato en una habitación, salí corriendo, corrí, corrí, para que esta vez, después de doblar la esquina, no me encuentre en una calle vacía de ti, para no encontrar sólo la lluvia, la lluvia, la lluvia, para encontrarte esta vez, a ti, detrás de la esquina, y atreverme a gritar: ¡compañero!, atreverme a dirigirte la palabra: compañero, dame fuego, no te va a costar nada, compañero, qué asco de lluvia, qué asco de viento, qué mierda de esquina, no resulta agradable dar vueltas por aquí esta noche, pero no tengo tabaco, no es para fumar por lo que te decía: tienes fuego, compañero, era, compañero, para decirte: vaya mierda de barrio, vaya mierda de costumbre esta de dar vueltas por aquí (¡una forma como otra cualquiera de abordar a la gente!) y tú también andas dando vueltas, con la ropa completamente mojada, expuesto a coger cualquier enfermedad, ni siquiera fumo, no te va a costar nada el haberte parado, ni fuego, ni un solo cigarrillo, compañero, ni dinero (¡para que luego te marches!, tan colgado no estoy, esta noche), y de todos modos, tengo con qué pagar un café, te invito, compañero, mejor que dar vueltas en medio de esta luz delirante, y para que no te cueste nada, el haberte abordado así - tal vez sea una forma un poco extraña de abordar a la gente, pero al fin y al cabo no les cuesta nada [...]
te extraño "cuaderno roñoso".
ResponderSuprimir